Antes de buscar explicaciones, aprendamos a reconocer cómo ocurren las situaciones que nos incomodan en nuestro trabajo.
En nuestra publicación anterior te propuse observar las interrupciones que se producen durante tu jornada de trabajo y registrar algunas características: cuándo ocurren, qué estabas haciendo, cuál fue el motivo y cuánto tiempo te demandaron.
Quizás hayas utilizado la planilla que compartimos. Quizás preferiste tomar notas en un cuaderno. O simplemente comenzaste a prestar más atención a situaciones que antes pasaban inadvertidas.
Lo importante es que empezaste a observar tu trabajo de una manera diferente.
Y ahora viene una pregunta:
¿Qué hacemos con lo que observamos?
No todo nos incomoda de la misma manera
Imaginemos que durante varios días registraste distintas interrupciones.
Algunas fueron consultas de compañeros. Otras, llamadas telefónicas. También hubo pedidos de tus superiores, consultas de profesionales o situaciones imprevistas.
Es posible que algunas se hayan repetido muchas veces y que otras hayan ocurrido solamente una o dos.
Pero hay algo que no podemos saber contando interrupciones: cuánto te incomoda cada una de ellas.
Quizás atendés con gusto las consultas de tus compañeros, aunque sean frecuentes. En cambio, una sola interrupción mientras estás realizando una tarea que requiere mucha concentración puede resultarte especialmente molesta.
Por eso, no vamos a comenzar buscando cuál fue la interrupción más frecuente, ni cuál consumió más tiempo.
Vamos a hacer algo mucho más sencillo.
De todo lo que observaste, ¿qué es lo que más te incomoda?
No hay una respuesta correcta. Tampoco necesitás justificar tu elección.
Se trata de reconocer algo que afecta tu experiencia cotidiana de trabajo.
Ahora, contate tu historia
Una vez que hayas elegido esa situación, te propongo un pequeño ejercicio.
Contate cómo ocurre.
No se trata de escribir un informe ni de preparar una explicación para otra persona.
La historia es para vos.
Podés escribirla, si te resulta más cómodo, o simplemente comenzar a reconstruirla mentalmente. Lo importante es que intentes describir lo que sucede, tal como lo vivís.
Por ejemplo, podrías comenzar así:
«Me molesta que me interrumpan cuando estoy proyectando una providencia. Estoy concentrada en lo que tengo que resolver y, de pronto, alguien me hace una consulta. Dejo lo que estaba haciendo, atiendo la consulta y después intento retomar mi trabajo. A veces me cuesta recordar exactamente dónde había quedado».
Esa es una primera descripción.
Pero quizás, cuando vuelvas a mirar lo que registraste, descubras otros detalles que te ayuden a completar la historia.
Algunas preguntas para mirar más de cerca
Si no sabés cómo continuar tu relato, estas preguntas pueden ayudarte.
- ¿En qué consiste exactamente la situación que te incomoda?
- ¿Cuántas veces observaste que ocurrió?
- ¿Sucede en algún momento particular de la jornada?
- ¿Qué estabas haciendo cuando ocurrió?
- ¿Intervienen habitualmente las mismas personas o personas diferentes?
- Si se trata de consultas, ¿están relacionadas con cuestiones jurídicas, procedimientos de trabajo u otros asuntos?
- ¿Qué sucede inmediatamente después?
- ¿Podés continuar con tu actividad o necesitás recuperar el hilo de lo que estabas haciendo?
No es un cuestionario que debas completar. Son solamente algunas pistas para ayudarte a recordar circunstancias que quizás no habías considerado.
Tampoco hace falta que tengas respuestas para todas las preguntas.
Queremos conocer mejor lo que ocurre, no construir una explicación de lo que lo provoca.
Esa diferencia es importante.
Lo que sentimos y lo que observamos
Cuando algo nos molesta, es natural que tengamos una opinión sobre lo que está sucediendo.
Podemos pensar que nos interrumpen constantemente, que nunca conseguimos trabajar tranquilos o que determinadas situaciones nos hacen perder demasiado tiempo.
Y es posible que tengamos razón.
Pero también puede ocurrir que, al prestar mayor atención, descubramos algo diferente de lo que inicialmente creíamos.
Quizás las interrupciones no se distribuyen durante toda la jornada, sino que se concentran en determinados momentos.
Quizás no todas afectan de la misma manera nuestro trabajo.
O quizás descubramos que algunas situaciones que parecían pequeñas nos generan una incomodidad mayor de la que habíamos reconocido.
Observar nos permite contrastar nuestras impresiones con lo que efectivamente sucede.
Y eso no significa ignorar cómo nos sentimos.
Al contrario: comenzamos por aquello que nos incomoda, porque nuestra experiencia también importa.
Lo que intentamos es comprenderla mejor.
Una historia que puede cambiar
Volvamos a nuestra primera descripción:
«Me interrumpen todo el tiempo y no puedo concentrarme».
Después de observar durante algunos días, quizás podamos contarnos una historia un poco diferente:
«Las interrupciones que más me molestan ocurren generalmente durante la mañana, cuando estoy proyectando providencias. Muchas son consultas sobre cuestiones procesales. Algunas se resuelven rápidamente, pero otras me obligan a dejar el expediente y buscar información. Cuando termino, a veces necesito varios minutos para recuperar la concentración».
Fijate qué interesante.
No necesariamente cambió lo que sucede en el trabajo.
Cambió lo que sabemos acerca de lo que sucede.
Y eso ya representa un avance.
Porque ahora no estamos hablando solamente de una molestia general. Estamos reconociendo una situación concreta, con características que antes quizás no habíamos advertido.
Antes de seguir, mirá lo que descubriste
Te propongo que conserves esa historia.
No tiene que estar perfectamente escrita. Tampoco necesita ser extensa.
Solamente tiene que ayudarte a reconocer, con la mayor fidelidad posible, cómo ocurre aquello que elegiste observar.
Y si durante los próximos días descubrís nuevos detalles, podés incorporarlos.
No tenemos apuro por llegar a una conclusión.
Por ahora, nuestro propósito es más sencillo y, al mismo tiempo, más importante de lo que parece:
Aprender a mirar nuestro trabajo sin dar por supuesto que ya sabemos todo lo que sucede en él.
En nuestra próxima publicación vamos a avanzar un paso más.
Pero antes de preguntarnos qué podemos cambiar, necesitamos comprender mejor aquello que estamos viviendo.
Porque muchas veces el primer cambio no ocurre en nuestro trabajo, sino en la manera en que empezamos a mirarlo.
MEJOR JUSTICIA
Trabajar mejor para vivir mejor.
La eficiencia es el medio. La vida es el fin.